martes, 29 de abril de 2014

Paul Vásquez, humorista y bombero:

De la Quinta Vergara a la Quinta de Bomberos

Desde 2008, el humorista es voluntario de bomberos en la Quinta Compañía de San Bernardo. Una de sus motivaciones es poder devolverle el apoyo a la gente que lo motivó a salir adelante cuando pasaba por su adicción a la cocaína. Su labor fue valorada en el incendio de Valparaíso ya que asistió horas después de haber enterrado a su madre fallecida.

Isabel Reyes Bustos

Era el año 2008 y Paul Vásquez acompañaba a un amigo a ver a su padre, el cuartelero de la Quinta Compañía de San Bernardo. De broma, Paul se disfrazó de bombero con unos trajes en mal estado y se sacó fotos sobre un carro viejo. De repente, apareció en el salón un oficial de la compañía quien le dijo que se quitara esos trajes y se vistiera con uno de verdad. “Al ponerme ese uniforme, sufrí la gran transformación”, asegura Vásquez. Seis meses después de aquel episodio, Paul Vásquez juró como bombero, fue durante un año cuartelero y hoy, ya es tesorero de la compañía.

El encuentro de Paul con la bomba fue en aquel momento donde vivía lo que él mismo llama los tiempos oscuros: su adicción a la cocaína. “Los chicos me salvaron de un posible suicidio, ellos me contuvieron. La palabra contención se aplica en todo momento con bomberos”, dice. Su principal motivación para entrar a ser bombero fue para devolverle la mano a la gente por todo el cariño y apoyo entregado.

Frente al ingreso de este particular voluntario, el capitán Freddy Pino de la Quinta de San Bernardo asegura que desde el primer día Vásquez dejó claro que en la bomba él no era el Flaco sino más bien, Paul. Destaca su compromiso y lealtad con los compañeros y afirma que está siempre dispuesto a ayudar. A Paul le ha servido su nueva faceta, no para madurar porque eso es de las frutas, pero sí para crecer como persona. Ha aprendido a ser disciplinado y responsable. Lo que menos le gusta de ser bombero son los accidentes automovilísticos. Lo que más le gusta al contrario, es el contacto con la gente.

De bajo perfil, cuando hay en emergencias va casi como encapuchado con las esclavinas, antiparras y casco pues prefiere no ser percibido para cumplir bien su labor como bombero. Una vez que termina el trabajo y se saca todos sus elementos de seguridad, ahí recién lo reconocen. Recuerda un incendio en que llegaron cuando la media agua ya estaba en el suelo y su dueña lloraba. El Flaco se sacó el casco, la abrazó y le dijo:

-       Tranquilita no más. Está toda la familia bien, esto se va a recuperar.

Y entre su llanto, la señora exclamó:

-       ¿Usted es el de la tele? Oye mira está aquí el Flaco, ¡¡trae la cámara!!

“Nos sacamos fotos arriba de los escombros. Pero la señora fue feliz en ese momento”, dice.

Según el capitán Pino, las personas se acercan mucho a Paul Vásquez y les da gusto verlo en una faceta que no asimilan. Esto lo demuestra la experiencia que tuvieron en el terremoto de 2010 cuando repartieron agua en las poblaciones conflictivas de Talcahuano, donde todos insultaban a bomberos. Frente a este escenario, el Flaco se bajó del carro e inmediatamente, la gente reaccionó de otra forma. “Yo me corrí a una esquina y todos los que molestaban el servicio, se fueron al lado mío y los bomberos pudieron trabajar tranquilos. Era como un elemento de distracción”, cuenta.

Una de las anécdotas que más recuerda Vásquez fue el incendio donde encontró su primer cuerpo calcinado. No resistió el impacto y comenzó a desvanecerse. Rápidamente sus compañeros lo sacaron y llevaron al carro donde le dieron agua con azúcar para que se recuperara. “Esto pasó hace tres años y aún estoy shockeado”, sostiene.

El capitán Freddy Pino comenta que a pesar de toda la disciplina, Paul no pierde su esencia de humorista. “Cuando ya se acaba la emergencia y vamos en el carro, siempre sale con sus chistes y bromas y nos alegra el viaje de vuelta”. Además, expresa que Vásquez es muy generoso y que hace ayudas sin que nadie se entere. Así ocurrió con la mesa de pool del cuartel que llevaba casi dos años mala. Un día, sin decirle a nadie, el Flaco cotizó el arreglo y la reparó. Para todos los bomberos, fue algo muy importante.

Su dupla Mauricio Medina, el Indio, cree que esta faceta ha hecho crecer bastante a su amigo e incluso, se nota en sus actitudes cuando están juntos que la seguridad no es un tema menor para el Flaco. “Ahora nos anda hinchando las pelotas para que nos pongamos el cinturón, no botemos las colillas de cigarros para afuera y apagarlas bien, de recoger la basura. Se convirtió como en un abuelito de repente”.

Además, bromea diciendo que la vocación de Paul es más bien de pirómano que de bombero y asegura que él no podría entrar a una bomba pues no tiene ningún gusto por el fuego, a diferencia de su gran amigo. “Me gusta perseguir el fuego, pillarlo, hacinarlo, confinarlo y extinguirlo. Eso me encanta”, expresa Vásquez.

Sembrando sonrisas en los cerros

Era sábado 12 de abril en la tarde y el Gobierno decretaba estado de excepción para la zona de Valparaíso luego de que se iniciara un incendio forestal en los cerros Mariposa y El Vergel. Ese mismo día y a la misma hora, Paul Vásquez junto a su familia asistían al entierro de su madre, Gladys Vergara, quien había fallecido días antes. El auto del humorista estaba pintado con el mensaje: “¿Y ahora quién me va a comprar los zapatos? Descansa en paz mamá”, haciendo alusión a una de las bromas más conocidas de su rutina.

Luego de la ceremonia, Paul y sus familiares fueron a compartir en medio del momento doloroso por el cual estaban pasando. Cuando Paul llegó a su casa, medio mareado por los efectos del alcohol, lo primero que hizo fue encender la televisión. “Prendí la tele y vi el infierno”, dice. De inmediato, prendió su radio portátil de bomberos y escuchó que se necesitaba contingente para dirigirse a Valparaíso. “Ahí, empecé a tomar café tras café. Necesitaba recuperarme”.

El domingo por la mañana Vásquez partió a Valparaíso donde se encontró con sus compañeros de la Quinta Compañía de Bomberos de San Bernardo. Era un día de sol y la ciudad estaba desierta. En los cerros se veía, al igual que los tornados, una columna de humo gigante, quieta. “Tú te metías ahí y te cambiaba el mundo. Era algo como surrealista. Muy impresionante”, recuerda Paul.

Lo que más se destacó en redes sociales, fue el coraje que tuvo Vásquez en partir justo después de enterrar a su madre. Pero para él su juramento de bombero es lo más importante y el primero que asume tan responsablemente, incluso más que el matrimonio.  Paul destaca la frase “juro salvar vidas y bienes” y asegura que fue la motivación para ir en ayuda de los otros. “El hecho de ver la pena que tenía la gente me sirvió para alivianar mi pecho que estaba acongojado. Al ver el sufrimiento, mitigué mi dolor”, expresa.

Para su amigo Indio, la actitud del Flaco es parte de la esencia de los bomberos y destaca que le sirvió mucho para desahogarse ayudando a los otros. “Es como nosotros cuando vamos a actuar. Si tenemos alguna cosa triste hay que olvidarla. No tenemos tiempo para llorar, esos tiempos se darán en algún momento”, dice. Paul estuvo todo el día y noche del domingo, hasta la mañana del lunes cuando se lograron controlar los focos.


Eran cerca de las 10 de la mañana del lunes y Vásquez descansaba sentado en el piso de la Plaza Sotomayor. Su rostro estaba negro por las cenizas y comía una colación para recuperar la energía. Evelyn Hornig, voluntaria y autora de la fotografía del Flaco de bombero que circuló por redes sociales, se encontró con él en la plaza. “Me acerqué a él, me presenté y le dije que me sentía en la obligación de mostrarle todos los mensajes de agradecimiento que me habían llegado a raíz de la foto”, asegura. Frente a este diálogo, Paul se mostró muy emocionado, abrazó a Evelyn y le dijo: “Lo único que puedo hacer, es estar acá”.

lunes, 14 de abril de 2014

Evelyn Matthei, profesora de matemáticas,

“Que no me vengan a contar que el problema aquí es el fin del lucro”

Evelyn Matthei, ex candidata presidencial por la UDI, prometió que dejaría la política para dedicarse a la educación aún antes de asumir su carrera a La Moneda. Desde marzo, es profesora de matemáticas en el Colegio José Agustín Alfonso de la comuna Pedro Aguirre Cerda y asegura que la reforma educacional va mucho más allá de lo que se plantea actualmente.


Isabel Reyes Bustos

Un piano en el living y libros de matemáticas en la mesa de comedor. De jeans, chaleco gris y zapatillas blancas irrumpe Evelyn Matthei en el salón de su casa. Su rostro, sin maquillaje, viene marcado por una gran sonrisa que refleja la satisfacción en su nueva rutina diaria haciendo clases de matemáticas.

Desde marzo es profesora de primero y segundo medio del colegio José Agustín Alfonso y hasta ahora, han tenido sólo una prueba. “Soy súper estricta y los resultados son lo que ellos saben. Pero lo lindo es que ya noto que hay mucho más interés”, dice.

En su casa, Matthei pasa horas preparando pruebas y clases. La materia está separada en carpetas por curso y destacado con rojo y azul lo importante como las definiciones y soluciones de ejercicios. A través del programa Google Drive –espacio gratuito para almacenar archivos en la interfaz– ofrece acceso a sus alumnos a la materia y ejercicios vistos en clases.

¿Cómo la recibieron sus alumnos?

“Súper grato todo. Eso sí, los niños de primero, tercero y quinto básico me dicen ‘Hola Evelyn Matthei’. Y se acercan y me dan besos y uno de repente me dice ‘Uy, es que eres tan linda, ¿le puedo llevar el bolso?’. Es divertido. (Ríe)”

¿Cómo se siente con este nuevo desafío?

“Estoy muy motivada, entretenida y estudiando porque yo sé matemáticas, pero el tema es cómo presentarlo para que los jóvenes entiendan. Pero ahí es cuando uno se topa con una dificultad bien grande y es que en un curso tengo 45 alumnos y en el otro, 37. El tema es a quién le hace uno clases. ¿A los más rápidos, más lentos o los del medio? Estoy buscando distintas formas para obtener el mejor resultado general pero, al mismo tiempo, sin olvidar que lo que quiero de verdad, es lograr que los que son más rápidos puedan dar una muy buena PSU y entrar a una buena universidad.”

¿Cómo los ha logrado motivar?

“Un día, le pedí a la orientadora que fuera a mi clase de segundo medio a contar cómo les había ido en la PSU a los egresados del año pasado y ante pasado. En cada uno de esos años, sólo un alumno sacó más de 750 puntos. Y dije frente a todos: ‘yo acá, veo fácilmente cinco o seis que deberían sacar más de 750 puntos. Pero para eso, tienen que empezar a entrenarse ahora. Esto es lo mismo que el futbolista que patea el penal. Puede saber cómo pegarle, con qué parte del zapato, pero si no lo repite mil veces lo echa afuera’. Creo que ahí se les abrió el apetito de que ellos podían. Siento que lo más importante que estoy tratando de hacer es quebrar esa barrera donde ellos no se han planteado que pueden entrar a la universidad.”

¿Qué tan importante es para usted la disciplina en una sala de clases?

“Lo más importante es el respeto. Y la disciplina al final pasa a ser como parte del respeto. Me he dado cuenta que la mejor forma de tenerlos a todos trabajando es cuando los llevo a la sala de computación. Para eso, me puedo pasar en mi casa una tarde entera buscando cuáles son los mejores sitios para que aprendan. Ahora, tengo acceso gratuito a un programa chileno que se llama Galileo, donde se pasa toda la materia del currículo y además hay muchos ejercicios que los jóvenes pueden hacer. Es muy bueno porque cada uno va progresando según sus habilidades. La disciplina es súper importante pero al final es consecuencia de, primero, el respeto y segundo, que los alumnos estén entretenidos.”

Teniendo un curso de 45 alumnos, ¿es difícil controlar el tema del celular, por ejemplo?

“Dos veces ya he quitado un celular y lo he entregado a la dirección donde lo tienen que retirar los papás. La primera vez, se lo entregué de vuelta al joven para que todos supieran. La segunda vez ya no. No, no, no, no; no aguanto nada de eso.”

¿Y los alumnos están motivados por participar en clases?

“Yo llamo a la pizarra para que no pasen siempre los mejores. Me interesa que ellos se den cuenta a tiempo que no están entendiendo y que trabajen. Cuando pasan al pizarrón noto cuáles son sus dificultades. Ahí me di cuenta que una de ellas es que no saben multiplicar ni sumar fracciones. Con 45 alumnos o te sientas adelante o vas a ser malo. Esas cosas las he visto y vivido. Que no me vengan a contar que el problema aquí es el fin del lucro.”

Si pudiera definirse como profesora, ¿cómo sería?

“Yo diría que una mezcla de estimulante y exigente. Pero al final, lo que siempre trato de premiar es el esfuerzo. Por ejemplo ahora, a unos les fue súper bien en la prueba, pero a otros bastante mal. Y les dije ‘bueno, pueden subir hasta cinco décimas pero siempre que los que tienen nota cinco para abajo me demuestren que se saben todas las tablas y de forma muy rápida en una semana’. Entonces, les voy dando desafíos que les sirven a ellos mismos, y así premio el esfuerzo.”

Evelyn Matthei sentía que llevaba muchos años en la política y que, por lo mismo, era hora de dar un giro. “Recordemos que yo tuve probablemente la mejor profesora de piano de Chile, becada, y estuve en uno de los mejores colegios de Chile, becada también. Entonces la verdad, sentí que había algo que devolver”, asegura.

¿El hecho de trabajar en un colegio vulnerable ha cambiado su perspectiva en cuanto a lo que planteaba sobre la educación?

“No, el tema de la vulnerabilidad lo conozco y lo he vivido. Lo único que ha hecho es que me ha reforzado la idea de lo tremendamente equivocadas que están las reformas actuales. La reforma debería partir por disminuir a 35 por curso. Todo lo otro, decir con fines de lucro o no, es una pura cosa pseudo-filosófica que en la práctica no va a servir de nada. Lo importante es cómo vamos a hacer que un joven que es brillante tenga una buena educación en la pre básica, en la básica y media, de manera que toda es brillantez se desarrolle. ¡En vez de eso están cambiando los promedios, fíjate! Además, hay niños que tienen otros talentos. ¿Cómo logramos que puedan ser buenos técnicos? Es lo que hacen en Alemania, donde a los 15 años ya los separan. Pero aquí dime tú ¿qué buen colegio técnico profesional existe? En Chile o vas a la Universidad o no eres nadie y resulta que hay universidades de un rasquerío espantoso y como técnicos serían mucho mejor, más útiles a la sociedad y estarían más contentos que yendo a una universidad rasca.”

La ley chilena permite que profesionales licenciados o titulados de otras carreras que no sean pedagogía, se desempeñen como profesores de Educación Media. Este es su caso, ¿qué proceso siguió para acreditarse como pedagoga?

“Yo tuve que seguir un proceso para ser aceptada como instructora de la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP). La SIP, organización de 150 años y sin fines de lucro, tiene una cadena de colegios y es súper exigente con qué tipo de profesores contrata. Ese es el proceso que tuve que hacer pero para ser profesora de uno de esos colegios.”

¿Son un aporte a la educación?

“Cuando ves los resultados del test Inicia, te das cuenta que los estudiantes de pedagogía no saben la materia que tienen que enseñar. Entonces al final un ingeniero probablemente sabe más matemáticas que un profesor. Es un aporte enorme. Yo no puedo entender cómo no le han puesto exigencias a pedagogía. Puntajes bajos por sueldos bajos. Siento que aquí hay una concepción súper errada de la educación pero también del profesor. Primero, se les paga súper mal y, segundo, yo preparo 14 horas a la semana, pero hay otros que tienen 34 horas ¿cómo lo hacen? ¿Pueden preparar una buena clase? Te aseguro que no. Entonces siento que toda esta discusión de la reforma educacional ‘jua, jua, jua’. No tienen idea de lo que está pasando.”