lunes, 14 de abril de 2014

Evelyn Matthei, profesora de matemáticas,

“Que no me vengan a contar que el problema aquí es el fin del lucro”

Evelyn Matthei, ex candidata presidencial por la UDI, prometió que dejaría la política para dedicarse a la educación aún antes de asumir su carrera a La Moneda. Desde marzo, es profesora de matemáticas en el Colegio José Agustín Alfonso de la comuna Pedro Aguirre Cerda y asegura que la reforma educacional va mucho más allá de lo que se plantea actualmente.


Isabel Reyes Bustos

Un piano en el living y libros de matemáticas en la mesa de comedor. De jeans, chaleco gris y zapatillas blancas irrumpe Evelyn Matthei en el salón de su casa. Su rostro, sin maquillaje, viene marcado por una gran sonrisa que refleja la satisfacción en su nueva rutina diaria haciendo clases de matemáticas.

Desde marzo es profesora de primero y segundo medio del colegio José Agustín Alfonso y hasta ahora, han tenido sólo una prueba. “Soy súper estricta y los resultados son lo que ellos saben. Pero lo lindo es que ya noto que hay mucho más interés”, dice.

En su casa, Matthei pasa horas preparando pruebas y clases. La materia está separada en carpetas por curso y destacado con rojo y azul lo importante como las definiciones y soluciones de ejercicios. A través del programa Google Drive –espacio gratuito para almacenar archivos en la interfaz– ofrece acceso a sus alumnos a la materia y ejercicios vistos en clases.

¿Cómo la recibieron sus alumnos?

“Súper grato todo. Eso sí, los niños de primero, tercero y quinto básico me dicen ‘Hola Evelyn Matthei’. Y se acercan y me dan besos y uno de repente me dice ‘Uy, es que eres tan linda, ¿le puedo llevar el bolso?’. Es divertido. (Ríe)”

¿Cómo se siente con este nuevo desafío?

“Estoy muy motivada, entretenida y estudiando porque yo sé matemáticas, pero el tema es cómo presentarlo para que los jóvenes entiendan. Pero ahí es cuando uno se topa con una dificultad bien grande y es que en un curso tengo 45 alumnos y en el otro, 37. El tema es a quién le hace uno clases. ¿A los más rápidos, más lentos o los del medio? Estoy buscando distintas formas para obtener el mejor resultado general pero, al mismo tiempo, sin olvidar que lo que quiero de verdad, es lograr que los que son más rápidos puedan dar una muy buena PSU y entrar a una buena universidad.”

¿Cómo los ha logrado motivar?

“Un día, le pedí a la orientadora que fuera a mi clase de segundo medio a contar cómo les había ido en la PSU a los egresados del año pasado y ante pasado. En cada uno de esos años, sólo un alumno sacó más de 750 puntos. Y dije frente a todos: ‘yo acá, veo fácilmente cinco o seis que deberían sacar más de 750 puntos. Pero para eso, tienen que empezar a entrenarse ahora. Esto es lo mismo que el futbolista que patea el penal. Puede saber cómo pegarle, con qué parte del zapato, pero si no lo repite mil veces lo echa afuera’. Creo que ahí se les abrió el apetito de que ellos podían. Siento que lo más importante que estoy tratando de hacer es quebrar esa barrera donde ellos no se han planteado que pueden entrar a la universidad.”

¿Qué tan importante es para usted la disciplina en una sala de clases?

“Lo más importante es el respeto. Y la disciplina al final pasa a ser como parte del respeto. Me he dado cuenta que la mejor forma de tenerlos a todos trabajando es cuando los llevo a la sala de computación. Para eso, me puedo pasar en mi casa una tarde entera buscando cuáles son los mejores sitios para que aprendan. Ahora, tengo acceso gratuito a un programa chileno que se llama Galileo, donde se pasa toda la materia del currículo y además hay muchos ejercicios que los jóvenes pueden hacer. Es muy bueno porque cada uno va progresando según sus habilidades. La disciplina es súper importante pero al final es consecuencia de, primero, el respeto y segundo, que los alumnos estén entretenidos.”

Teniendo un curso de 45 alumnos, ¿es difícil controlar el tema del celular, por ejemplo?

“Dos veces ya he quitado un celular y lo he entregado a la dirección donde lo tienen que retirar los papás. La primera vez, se lo entregué de vuelta al joven para que todos supieran. La segunda vez ya no. No, no, no, no; no aguanto nada de eso.”

¿Y los alumnos están motivados por participar en clases?

“Yo llamo a la pizarra para que no pasen siempre los mejores. Me interesa que ellos se den cuenta a tiempo que no están entendiendo y que trabajen. Cuando pasan al pizarrón noto cuáles son sus dificultades. Ahí me di cuenta que una de ellas es que no saben multiplicar ni sumar fracciones. Con 45 alumnos o te sientas adelante o vas a ser malo. Esas cosas las he visto y vivido. Que no me vengan a contar que el problema aquí es el fin del lucro.”

Si pudiera definirse como profesora, ¿cómo sería?

“Yo diría que una mezcla de estimulante y exigente. Pero al final, lo que siempre trato de premiar es el esfuerzo. Por ejemplo ahora, a unos les fue súper bien en la prueba, pero a otros bastante mal. Y les dije ‘bueno, pueden subir hasta cinco décimas pero siempre que los que tienen nota cinco para abajo me demuestren que se saben todas las tablas y de forma muy rápida en una semana’. Entonces, les voy dando desafíos que les sirven a ellos mismos, y así premio el esfuerzo.”

Evelyn Matthei sentía que llevaba muchos años en la política y que, por lo mismo, era hora de dar un giro. “Recordemos que yo tuve probablemente la mejor profesora de piano de Chile, becada, y estuve en uno de los mejores colegios de Chile, becada también. Entonces la verdad, sentí que había algo que devolver”, asegura.

¿El hecho de trabajar en un colegio vulnerable ha cambiado su perspectiva en cuanto a lo que planteaba sobre la educación?

“No, el tema de la vulnerabilidad lo conozco y lo he vivido. Lo único que ha hecho es que me ha reforzado la idea de lo tremendamente equivocadas que están las reformas actuales. La reforma debería partir por disminuir a 35 por curso. Todo lo otro, decir con fines de lucro o no, es una pura cosa pseudo-filosófica que en la práctica no va a servir de nada. Lo importante es cómo vamos a hacer que un joven que es brillante tenga una buena educación en la pre básica, en la básica y media, de manera que toda es brillantez se desarrolle. ¡En vez de eso están cambiando los promedios, fíjate! Además, hay niños que tienen otros talentos. ¿Cómo logramos que puedan ser buenos técnicos? Es lo que hacen en Alemania, donde a los 15 años ya los separan. Pero aquí dime tú ¿qué buen colegio técnico profesional existe? En Chile o vas a la Universidad o no eres nadie y resulta que hay universidades de un rasquerío espantoso y como técnicos serían mucho mejor, más útiles a la sociedad y estarían más contentos que yendo a una universidad rasca.”

La ley chilena permite que profesionales licenciados o titulados de otras carreras que no sean pedagogía, se desempeñen como profesores de Educación Media. Este es su caso, ¿qué proceso siguió para acreditarse como pedagoga?

“Yo tuve que seguir un proceso para ser aceptada como instructora de la Sociedad de Instrucción Primaria (SIP). La SIP, organización de 150 años y sin fines de lucro, tiene una cadena de colegios y es súper exigente con qué tipo de profesores contrata. Ese es el proceso que tuve que hacer pero para ser profesora de uno de esos colegios.”

¿Son un aporte a la educación?

“Cuando ves los resultados del test Inicia, te das cuenta que los estudiantes de pedagogía no saben la materia que tienen que enseñar. Entonces al final un ingeniero probablemente sabe más matemáticas que un profesor. Es un aporte enorme. Yo no puedo entender cómo no le han puesto exigencias a pedagogía. Puntajes bajos por sueldos bajos. Siento que aquí hay una concepción súper errada de la educación pero también del profesor. Primero, se les paga súper mal y, segundo, yo preparo 14 horas a la semana, pero hay otros que tienen 34 horas ¿cómo lo hacen? ¿Pueden preparar una buena clase? Te aseguro que no. Entonces siento que toda esta discusión de la reforma educacional ‘jua, jua, jua’. No tienen idea de lo que está pasando.”

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